Promesa: Cuando usted lea este texto sabrá porqué somos capaces de convertirnos en un socio temporal de gran calibre para su organización. Aquí encontrará algunas o muchas respuestas a sus inquietudes e interrogantes de crecimiento y productividad.  Tendrá elementos para entrar en contacto con nosotros sin tardanza porque si busca soluciones este es el lugar.
 
Voy a hablar sin falsas modestias de Rubén Reynaga, el individuo que mejor conozco; aclaro que sólo me referiré a la faceta de negocios, el resto no vale la pena ni es pertinente para este sitio Web. Y lo hago porque creo que contribuye a darle valoración a la oferta de Reynaga y Asociados y con ello seguir ejerciendo la actividad de Resolvedor de Problemas de negocios de la mejor manera en beneficio de más clientes.
 
Claro, soy Rubén Reynaga. Soy ingeniero mecánico naval... mejor dicho fui y muy bueno, hasta que solté las amarras del ejercicio cotidiano de tal profesión. Después de infinidad de postgrados académicos y experiencias de vida descubrí mi verdadera vocación: Resolvedor de problemas de negocios. Se dice rápido, sin embargo, hay que haber tenido una trayectoria como la mía para descubrir esta pasión y refrendarla a lo largo de los años.
 
Y esto no significa que sea todólogo, pero el ingrediente de la capacidad para asociar casi cualquier vertiente del conocimiento y el saber es imprescindible para detectar lo pertinente o significativo.
 
La habilidad para detectar los nudos giordanos o cuellos de botella en el espectro inagitable de nuestro sistema de negocios se ha convertido en un arte. Saber que se debe aplicar una visión periscópica, poliédrica, multidisciplinaria, transdiciplinaria, pero al mismo tiempo pragmática para explorar el contexto de cualquier problema se ha convertido en una especie de "Fenómeno Eureka". Y digo esto porque nínguna solución es válida si no se comprende o no se tiene afinidad con las apetencias de lo quizá sea lo más complejo que existe: los seres humanos involucrados en determinada situación de negocios.Y digo esto por la infinidad de interacciones y retroacciones internas y externas que se manifiestan en dicha dimensión.
 
Lo correcto es algo elusivo, no sólo implica la maximización de una actividad de negocios, es preciso conectarse con la perspectiva de optimización de la persona o personas que llevan el timón del barco. No importa de qué negocio se trate, siempre hay espacio para ascender a otro nivel de productividad, no obstante es necesario que esa idea de crecimiento tenga su origen en el epicentro humano, es decir, los que deciden lo que es válido.
 
Con los años, he afinado esta habilidad de manera creativa. Detectar mentes priviliegiadas que coinciden con esta forma de pensar aunque detentan alguna arista específica del conocimiento se ha convertido en otro activo porque acudo a ellas cuando y dónde es necesario, lo que importa es penetrar la superficie de cualquier problema y entrar en las entrañas de la solución de una manera efectiva y eficiente.
 
Síntesis parcial: Cuando usted acude a Reynaga y Asociados debe, de preferencia, tener conciencia que desea resolver alguna problemática que le duele. Y no importa que sea del carácter que sea. El 90% de las ocasiones tiene que ver con la necesidad de más ventas, utilidades o ambas.
 
 
Hace años, cuando apenas empezaba como resolvedor de problemas de negocios, un empresario de esos que parecen infalibles triunfadores me lanzó un reto público: Rubén, tú que en todo estás y todo resuelves, te pagaría las joyas de la vírgen si me presentas un negocio con las tres "b": bueno, bonito y barato.
 
Me quedé pensativo y exclamé: ¡me gusta el desafío, lo tendrás antes de una semana! Menudo lío en que me metí.
 
Revisé mentalmente docenas de conceptos y parecía un callejón sin salida. En la víspera del séptimo día: tuve una revelación que se estaba configurando poco a poco en mi cerebro: la venta por televisión. Era el año 1989. Esta práctica comercial era, entonces, inexistente en México.
 
Estoy sintetizando en grado superlativo y sólo imaginemos el desenlace. Cuando por fin solté el proyecto con todo y argumentación fehaciente y soporte financiero, lo hice con convicción y harta pasión, pero sucedió lo inevitable: el escrutinio y el contexto no era favorable. Parecía a sus ojos algo completamente inaceptable, sus ejecutivos de prosapia fruncían el entrecejo y se burlaban con sorna. Sobraban las opiniones en contra. Abrevio de nuevo. Ante el rechazo instintivo, lo hice yo mismo.
 
Corolario: armé un negocio tan espectacular que sólo era superado por mi sed parásita de conocimiento ante la emoción de involucrarme en otra centena de actividades distintas de negocios por la el solo prurito de escudriñar los goznes que las hacían funcionar. Una curiosidad obsesiva que me ha causado grandes satisfacciones y un puñado de desventuras.
 
Fui el pionero en ventas por televisión desde la provincia, digan lo que digan. Senté precedentes y con el tiempo rompí con todos los moldes de la industria convirtiéndonos en el referente antes que la industria se prostituyera tanto que llegado el momento casi se convirtió en un anatema decir que te dedicabas al arte de generar impulsos de compra a través de la televisión.

Nunca me consideré un especialista en este tema, simplemente porque siempre me he considerado un trashumante del conocimiento. Nunca he tenido barreras mentales, y cruzo todas las líneas imaginarias entre disciplinas y áreas del saber. Esa es quizá mi característica más visible. La brújula es la resolución de problemas, allí está la justificación.