Desde hace muchos años existe un clásico del emprendimiento, una joya de esas que rara vez se encuentran en la vida y que suelen cambiar la perspectiva de un plumazo, usted seguramente ha experimentado este fenómeno alguna vez en su vida, y lo mismo yo. Uno de esos momentos se produjo cuando conocí por   primera vez el relato de El Mensaje a García de Hubbert. Una joya que expone lo que es capaz de realizar el ser humano cuando existe el factor del emprendimiento en el carácter de una persona.

El Mensaje a García no cuesta gran cosa, si es que lo editara una casa editorial, el asunto es que no existe publicación conocida y menos en   español, así que yo le voy a obsequiar este bello relato en formato PDF y ya traducido al español, una vez que entremos en contacto.

Si usted no queda más que complacido y queda pensando que las reflexiones e impactos que esta breve historia puede representar para su actividad de negocios, su vida personal, su misma familia, sus amigos y conocidos, le ruego que me dé su punto de vista de porqué no le encontró el valor que planteo y si me convence tendré que cambiar de profesión y retirarme a un convento tibetano de por vida a expiar el atrevimiento de esta afirmación.

La asignación del valor del "Mensaje a García" se la asigna cada uno en función de lo que vale la disposición para transformar la vida propia y la de los demás

¿Cómo le ponemos precio a algo que impacta nuestra vida? $1,000 dólares, $2,000 dólares, sinceramente me quedo corto.

Le aseguro que, en cuanto lo tenga, le sacará jugo miles de veces, aplicando el principio del emprendimiento tanto a nivel personal como adecuando su mensaje en el plano de sus colaboradores. Si logra que tan sólo un 10% de sus miembros clave del equipo de trabajo entiendan y digieran los principios que contiene le garantizo que su desempeño se puede disparar en varios digitos.

 
¡Ah! Yo conocí este mensaje desde que tenía 15 años. Era el eje de las enseñanzas éticas y de vida en el Internado militarizado o Escuela Náutica donde estudié la preparatoria y las primeras dos carreras profesionales asociadas con asuntos navales y marinos. Allí me quedé enganchado y lo volví parte de mi cosmovisión. No imagino ninguna actividad humana sin el poder de estos principios que contiene el Mensaje a García.
 
Si yo lo hubiera conocido desde que tuve uso de razón... ¡bueno! pero no hay nada que lamentar, de hecho lo asimilé muy joven y de allí para el real... así se lo pongo, y el efecto positivo se manifiesta aunque uno ni siquiera se dé cuenta porque se clava en la perspectiva personal, los sueños y las aspiraciones en la "ontología" del ser humano, como diría mi querido maestro y amigo entrañable, el pensador planetario de las luciérnagas más luminosas, Edgar Morin.
 
Cuando lo tenga en sus manos, busque un lugar cómodo y que le plazca gratamente con la intención de llerlo de un solo vuelo porque le aseguro que sus lecciones le dejaran infinidad de lecciones virtuosas.
 
Cordialmente,
 
Rubén Reynaga